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Intorno a Rapsodia satanica (IV)

GIUGNO 1914

La compagnia Piperno Borelli Gandusio inizia la sua tournée americana in Buenos Aires, Argentina.

“Un giornale cinematografico di Napoli aveva bandito un referendum sulla più bella attrice cinematografica italiana. E’ riuscita vincitrice la Bertini, con 759 voti; la Borelli ne ha raccolto 757.”
(La scena di prosa, 27 giugno 1914)

28 giugno 1914, attentato di Sarajevo.

Mascagni da le ultime disposizione per l'Aida allo Stadio Nazionale di Roma
Mascagni da le ultime disposizione per l’Aida allo Stadio Nazionale di Roma

LUGLIO 1914

Aida alla Stadio Nazionale di Roma
L’iniziativa coraggiosa dell’impresa Vaccari e del maestro Mascagni è stata coronata dal maggiore successo. (…) Il maestro Mascagni fu certamente il trionfatore della rappresentazione genialissima. La sua bacchetta direttoriale fu l’anima della divina armonia, del concertato imponente, seppe guidare e suggerire ogni sottigliezza, ogni particolare, e l’inno sonoro si alternò sapientemente con la tenue, dolce e squisita melodia verdiana.
Virgilio Favara (Il teatro illustrato 15-31 luglio 1914)

28 luglio 1914, dichiarazione di guerra dell’Austria alla Serbia. Inizio della Prima guerra mondiale.

AGOSTO 1914

Il mensile La Lettura pubblica l’articolo Attori che non parlano firmato da Nino Oxilia.

Echi dei successi della Borelli-Piperno-Gandusio
Ci giungono da Buenos Aires fasci di giornali. Qualcuno ci porta anche notizie delle dimostrazioni di schietta simpatia, per Lyda Borelli, alla sua partenza da Montevideo, dove è attesa ancora con desiderio, in Ottobre. L’attrice leggiadra e valorosa, che sa propiziarsi sempre la stampa, partendo, ha diretto a ciascuno dei cronisti teatrali — niuno ommesso — della stampa quotidiana di Montevideo, una parola di viva gratitudine. E ciò, naturalmente, ha fatto tanto piacere a quei colleghi. A qualcuno di essi, anzi, Lyda Borelli ha dato incarico di dire al pubblico che se l’avevano udita nel repertorio, diremo, commerciale della compagnia, l’avrebbero riudita, al suo ritorno, in un repertorio d’arte, in alcune delle sue parti. Figurarsi, come e quanto, tale promessa, abbia aguzzato il desiderio del pubblico di Montevideo, di riudire Lyda Borelli.

Il quale pubblico, all’ultima recita, volle rinnovare, per l’attrice, il trattamento di cortesia fattole, sere prima, per la serata di lei, accompagnandola tra grida di evviva all’albergo.
Tra i giornali, ricevuti, uno di Buenos-Aires che annunzia, per la sera, la recita della Cioccolataia, ha un fervorino che, diremo di scusa, al pubblico, e aggiunge queste testuali parole: en las otras noches de abono de esta semana, se darán obras de inmaculada blancura.

La compagnia, all’ Odeon, andò in iscena con Le Marionette, in cui la Borelli piacque molto; ma essa piacque ancora di più ne La marcia nuziale, el primer trionfo completo y decisivo, come dice La Gaceta di Buenos-Aires. E mentre l’attrice, elegantissima e brava, trionfa laggiù, il suo capocomico del venturo triennio, diffonde in Italia, tra i giornali e i teatri, un elegante paspartout con la riproduzione a colori del bel ritratto fatto due anni or sono a Lyda Borelli da uno dei nostri più geniali ritrattisti.
Eugenio Brizzi sa bene mettere in valore il suo grande acquisto.
(La scena di prosa, 7 agosto 1914)

Lyda Borelli sulla copertina della rivista El Cine, 7 novembre 1914
Lyda Borelli sulla copertina della rivista El Cine, 7 novembre 1914

NOVEMBRE 1914

Lyda Borelli se confiesa con El Cine
La escena y la cinta: La rapsodia de Mascagni : ¡Qué hable! : Desde Max a los de España… Benavente el Favorito : ¿Quién será él? : A Spezia : Los soldados del Kaiser : Un himno emocionante en alta mar…

Se abre una puerta, y aparece una hermosa mujer, con la sonrisa en la flor de sus labios. Es alta sin exageración, de andar reposado, y con ademan suelto. Sobre el nácar de su carne brillan con reflejos de oro las hebras de su cabello. La reja de sus pestañas encierra el misterio de los ojos; enigmáticos ojos que deben saber mirar con amor en trances de ternura y rencorosos, como los del tigre en acecho, cuando la trágica hora de la venganza lo requiere.
Así es lu mujer que se adelanta tendiéndome amigablemente la mano; así es Lyda Borelli.
— Perdone si le he hecho esperar,—me dice en correctisimo castellano.
— He nacido, como quien dice, en las tablas, pues toda mi familia forma una pléyade de artistas. El mio padre Napoleone, fue un gran actor dramático… El cinematógrafo en mí, es transitorio. A mi arte, el de la dramática, le tengo mucho amor para abandonarle; se pueden armonizar.
— ¿Cómo fue el dedicarse a la película?
— Primeramente, porque en el cinematógrafo hay un campo sin trillar que es el del verdadero arte. El público está cansado de tanto argumento policiaco. Esa serie de films en que intervienen ladrones de levita; en cuyo transcurso se inculcan y enseñan lecciones de pillería, tienen un sabor insano. ¿Por qué? Yo soy partidaria del drama humano, del que sea posible en la vida… Hasta ahora llevo hechas cinco películas.
— ¿Qué película hizo primero?
Pero mi amor no muere. Y a continuación: El recuerdo del otro y La mujer desnuda.
— ¿Y en la actualidad?
— La última que he creado es la titulada Rapsodia satánica.
— ¿Tardará mucho en proyectarse?
— No le puedo decir, pero supongo que sera pronto, porque solo falta el poema musical del Maestro Mascagni.
— ¿Ha sido impresionada en América?
— No señor. En Roma.
— ¿Pues no viene usted de la Argentina?
— Si señor, de Buenos Aires; pero allí no he trabajado. Varias casas pidieron permiso a la que estoy escriturada que me consintiera actuar, y ésta, lo negó.
— Luego su labor ha sido teatral.
— Unicamente. Y no crea, vuelvo muy contenta de la tournée, Figúrese que en el teatro Urquiza de Montevideo ¡me hicieron hablar! Yo creo que esta es costumbre muy americana, porque en Uruguay me sucedió lo mismo.
— ¿Qué arte de los dos que usted cultiva, le parece mas difícil?
— Pues a decir verdad, no sé, porque a mi entender son dos artes completamente distintos. Ya ve usted Max Linder; en la película de su género, es insustituible, y en cambio en el escenario no pasa de ser una vulgaridad. Sin embargo, en la cinematografía se lucha solamente con la mímica mientras que en el teatro además de esto se necesita decir bien.
— Y esto mismo ¿no puede ser una ayuda que compense las deficiencias del gesto?
—A veces en lugar de ser ayuda, es estorbo. No lo creo. El público del cinematógrafo, que todavía se puede decir es juguete de niños, suele ser sencillo e ingenuo. En cambio en el teatro, la decoración varia. Ambos artes hablan a las colectividades y hay bastante diferencia de una a otra.
— ¿Que actores de films la parecen mejor?
— Para mi todos son buenos, pero mis simpatías se las lleva Napierkowska, Robinet, Max Dearly
(¿Y de los españoles?)
— No puedo darle mi opinion, pues si bien conozco a Rosario Pino, Thuiller, Maria Guerrero y Mendoza y tengo de ellos un alto concepto, mis profecías tal vez resultasen equivocadas hablando del cinematógrafo.
— Y de los autores españoles…
— Otra pregunta que no puedo contestar y per la misma razón. He leído algo de Benavente, pero no para formular un juicio.
— Se ve que le gusta leer, estudiar…
— Esa es mi vida, en los ratos libres mi compañero es el libro.
— ¿Y quién mejor? Yo tenia noticias de que se casaba.
— No haga caso. Son rumores que por Italia corren cada dos meses. Por ahora conténtese con saber que no tengo ningún amor. ¡Con lo que me gustaría estar enamorada!
Y al decir esto Lyda eleva sus ojos misteriosos a las alturas y junta las manos como si de sus labios brotase una oración…
— Y bien. Desde aquí ¿adonde irá?
— Pues un mes al teatro Carignano de Torino. Y después quizá descanse un poco en Spezia, mi tierra.
— ¿Le gusta viajar?
— Mucho. Siempre encuentro emociones nuevas. En el vapor que me ha traído a España, en el Regina Elena, venían unos cincuenta alemanes que marchaban a incorporarse al ejército de su nación. Al llegar a Gibraltar, otro vapor inglés abordó al nuestro e hizo prisioneros a todos los súbditos del Kaiser. Era una noche en que llovía torrencialmente. Una noche, que perdurara en mis recuerdos con la misma intimidad que el día que en Toledo visité la casa del Greco.
¡Si usted hubiese visto con que serenidad y resignación, aquellos alemanes, pasaban uno a uno por entre las bayonetas de los marinos británicos!
Desde nuestra cubierta les vimos llegar con la gorra en la mano hasta la borda del buque inglés. Y cuando ya solo distinguíamos un borrón en la superficie del barco, llegó a nuestros oídos la tonada armoniosa, mezcla de salmodia y canción bélica del himno germánico que entonaban los prisioneros. En tanto, el vapor se alejaba, se alejaba… Créame señor Villán; entonces lloré, y ahora, usted lo ve, los ojos se me humedecen, Yo, que no soy ni francesa ni alemana, desde aquel momento reniego de la guerra…
He ahí lectores un corazón de mujer; ya conocéis un alma de artista; ya conocéis a Lyda Borelli.
Se hace una posse: nuestro fotógrafo senor Olalde dispara el magnesio, y un relámpago pone punto a mi grata visita.
Delfin Villán Gil (El Cine, 7 noviembre 1914)

Intorno a Rapsodia satanica (III)

MARZO 1914

La compagnia Borelli Gandusio torna a Milano
La bella avventura, commedia in 3 atti di R. De Flers e G. Caivallet, Milano Teatro Manzoni 10 marzo 1914.
“la Borelli — che fu, se ben ricordiamo, la prima deliziosa Miguette, la prima veramente e meritatamente fortunata commedia dei due pregiatissimi autori — fu una squisita Elena di Treville: e nel secondo atto, sopratutto, conferì un’illusione d’ingenua verità ad una lunga scena d’amore accortamente contenuta, ma non così rigidamente sorvegliata da non lasciare qualche spiraglio alla sua grazia un po’ morbida ed avvolgente.”
(La scena di prosa, 14 marzo 1914)

Il Barone Alfa…

Retaggio d’odio al Teatro Cines
“Ci giunge ancora in tutta la sua interezza la eco sonora del plauso che accompagnò lo splendido romanzo cinematografico del Barone Alfa a Parigi ed a Londra ed a Berlino.
Mercoledì il Teatro Cines proietterà questo vero capolavoro d’arte e di sentimento, messo in scena con sfarzo, cura e perfetta ricostruzione d’ambiente dalla Cines, e crediamo che il grande pubblico romano e la critica serena saprà unire la sua voce al coro presente di applausi che ha unito a Parigi e a Londra i nomi di Maria Carmi, Pina Menichelli, della Cines e del barone Alfa, il geniale ideatore di un grande romanzo cinematografico, fatto di sentimento, amore e passione, che si avvicendano su splendidi fondi scenici e drammatici.”
(Il Giornale d’Italia, 24 marzo)

APRILE 1914

Lyda Borelli, Nino Oxilia, successi, insuccessi…

Al Teatro Manzoni
“Varie commedie: Petite Madame, Avventura di viaggio, Bella avventura, Braccialetto, il Successo di A. Testoni: Lyda Borelli ebbe un successo personale… nel Successo, successo di curiosità e di ammirazione per le sue toilettes: veramente la complicatissima veste verde e nera del primo atto era di un buon gusto assai discutibile; ma quella bianco e argento, da sera, del secondo, era squisita (sopratutto perché… svestiva ammirevolmente la titolare), e discussa ed ammirata fu la parrucca azzurro-nera che copriva i suoi capelli biondi e che rispondeva colle calze di uguale colore, che spiccavano, in un ampia spaccatura del vestito bianco, sopra scarpette bianche: Lyda Borelli era affascinatissima.
(…)
mercoledì primo aprile, La donna allo specchio di Nino Oxilia. Il pubblico, ammonito dal precedente insuccesso torinese, non è accorso numeroso a questa novità; ma quello che c’era ha confermato il giudizio di Torino.
(…)
Ieri sera, ancora La bella avventura, e stasera Lyda Borelli si farà giudicare nella Principessa di Bagdad che, in altri tempi, ebbe due interpreti magnifiche: Eleonora Duse, e un’altra attrice, che non ebbe la fortuna pari al suo valore, Emilia Aliprandi Pieri. Lunedì sera, serata d’onore di Lyda Borelli con Trilogia di Dorina e Salome.”
(La scena di prosa, 4 aprile 1914)

La donna allo specchio di Oxilia, novità a Milano
Il torbido dramma della protagonista del Ladro del Bernstein ci torna alla mente ripensando alla commedia di Nino Oxilia: La donna allo specchio che il pubblico del nostro Manzoni ha accolta con giusta severità, la sola sera che essa ha tenuto il cartello. Il confronto non ci è dettato dal pessimo gusto del cercare le ispirazioni che potrebbero aver indotto il giovane autore alla sua nuova fatica. Forse all’ Oxilia parrà strano il richiamo. E’ così lontana infatti la semplice anima di Maria Luciani dalla tormentosa psicologia della eroina del Ladro. La piccola cortigiana della La donna allo specchio dovrebbe farci pensare invece, a una sua illustre antenata, Margherita Gautier, non fosse altro che per il sacrifìcio, che ella compie sull’altare di un amore povero, del suo lusso e del suo sfarzo! Maria è però una nipote degenere che, a meta strada, deludendo la nostra benevole aspettazione romantica, vince ogni scrupolo e, più che mai florida e bella, torna alla ricchezza e alla eleganza, ma sacrificando anche questa volta un lusso: l’amore!
Ecco: nella creatura che Oxilia ha ritratto, non rivive la dolorosa e fiera anima di Margherita e non freme la sfrenata passione dell’eroina del Bernstein. L’autore ha cercato una formula nuova e non l’ha trovata: una specie di combinazione chimica fra gli elementi del romanticismo dumasiano e quelli di un verismo sfrontato e sbarazzino, mascherato da un cinismo troppo superficiale per esser siecero e incisivo.
I contorni delle due figure principali della commedia si perdono nella non facile ricerca di questa formula.
Anche nel ritrarre il personaggio di Gino (il giovane povero che vive con Maria il breve romanzo di amore per cedere, infine, l’amante a un vecchio protettore che potrà ridonarle l’agiatezza della quale la sua frivola animuccia ha bisogno) l’Oxilia non riesce a osservare un carattere con continuità e con sicurezza di luci e di ombre.
Nel contrasto drammatico, dunque, mentre non ha convincente risalto l’elemento passionale, non trova efficace evidenza rappresentativa il dibattito realistico che induce Maria alla facile ricchezza.
E pur sembrava che ella (come la protagonista del Ladro!) spiasse con trepida angoscia nello specchio il riflesso della sua bellezza disadorna per il timore bi non apparire abbastanza seducente all’amante! (Il teatro illustrato, 1-15 aprile 1914)

Lyda Borelli 1914
Lyda Borelli nella “Donna Nuda”, programma Teatro Cines di Roma 1914

Il trionfale successo di Lyda Borelli nella Donna nuda, al Teatro Cines
“Fiumane di spettatori hanno ieri varcato il sontuoso atrio del Teatro Cines per recarsi ad assistere alla grande attesa première della Donna nuda la finissima commedia di Henry Bataille, in cui si annunciava l’interpretazione sublime di Lyda Borelli. Per quanto fosse stato aumentato il numero dei posti, per quanto molti spettatori si rassegnassero a voler rimanere in piedi, pur non ostante molti cittadini dovettero rassegnarsi e tornarsene via coartati dal fatidico: Tutto esaurito! Affisso innanzi al botteghino.
Un elogio va anche dato incondizionalmente al bravo e valente maestro Peroni per il modo sagace intelligente col quale ha saputo sincronizzare il commento orchestrale che accompagna la bellissima film.”
(Il Messaggero, 14 aprile 1914)

“Teatro Manzoni — La settimana di Pasqua ha veduto il cambiamento di compagnia su questo palcoscenico. Ma, prima di emigrare sulle più fruttifere, in questa stagione, tavole dell’Olimpia, la compagnia Gandusio-Borelli-Piperno ci ha allestito un’altra novità, quel Volere, di Guiches che già de Sanctis aveva portato altrove all’insuccesso. Questa commedia fu uno degli ultimi errori di Jules Claretie: accettata alla Comèdie Française, e quivi mediocremente applaudita, sembra lo sforzo di un autore che tenta dì non capir più niente, da sé stesso, di quanto scrive. Figuratevi, se il pubblico ha capito qualcosa! Ha riso dì ogni battuta drammatica, ed, alla fine, stanco anche della burletta, ha protestato con giusta violenza. Un altro lavoro, non altrettanto fresco, ma, forse, altrettanto nuovo per il pubblico, è stato la Principessa di Bagdad, di Dumas, che, Lyda Borelli, sotto la sapiente guida di Flavio Andò, ha esumata. Flavio Andò è stato, infatti, interprete sommo di questa farraginosa commedia, a fianco di Eleonora Duse. Lyda Borelli ha dato tutta la sua intelligente cura alla eroina, ed ha, una volta di più, dimostrato le sue qualità di appassionata e studiosa attrice, ma il pubblico, solamente curioso, non ha mai preso parte viva all’azione, ed è rimasto piuttosto freddo. La commedia, manca di quella vitalità che abolisce l’errore del tempo: vi si sentono troppo gravi i difetti della maniera, di un meccanismo artificioso che non sostiene alcuna umanità, né alcuna visione d’arte. Perciò, l’esumazione ha avuto soltanto un valore storico.
Per serata d’onore, Lyda Borelli ha scelto Salome di Oscar Wilde, una delle sue interpretazioni più suggestive e che, giustamente, essa ama e ripete ad ogni stagione; e La trilogia di Dorina, la squisita commedia di Gerolamo Rovetta, che le nostre compagnie sembrano dimenticare. Il pubblico è accorso in folla (tutto esaurito) ed ha tributato, alla valorosa attrice, tutto l’entusiasmo e tutta l’ammirazione ch’ella ha saputo, giustamente, meritarsi. Le doti singolarissime di questa giovane artista sono andate, in pochi anni, raffinandosi e rivelandosi: un paziente studio, ed una ostinata volontà, hanno fatto, di Lyda Borelli, l’attrice ch’era costume chiamare la Bellissima, un’attrice che ora si dovrebbe chiamare la Bravissima, E’, infatti, una delle poche nostre che sappiano portare nella scena una nota di signorile eleganza, e che abbiano dello stile. Padrona, sempre, di sé stessa e delle sue espressioni, ella recita assai più di riflessione che di istinto: perciò sa conservare la linea, senza abbandonarsi alla propria passionalità con pericolo, spesso, di perdere la sobrietà. Lyda Borelli, artista duttile e rappresentativa, è quella che porta sui palcoscenici italiani un po’ della recitazione francese, correggendo, cioè, il comune difetto della scuola italiana che è, quasi sempre, di strafare. Lyda Borelli, però, dovrebbe recitare maggiormente in costume. Perché non lo fa, poiché è una delle poche capaci? Ci aveva promesso una edizione di Monna Vanna. Non ha mantenuta la promessa. E perché non pensa alla Fiaccola sotto il moggio ?
La stagione di quaresima, al Manzoni, si è chiusa con Petite Madame, e La bella avventura, i due successi più legittimi, e duraturi, a somme fatte. E la biondissima Lyda ha ceduto il posto a Ermete Novelli.
(La scena di prosa, 18 aprile 1914)

Intorno a Rapsodia satanica (II)

Nino Oxilia
Nino Oxilia

La Cines, il Barone Alfa, Nino Oxilia…

Dicembre 1913. Retaggio d’odio, soggetto del Barone Alfa, messa in scena di Nino Oxilia, presentato a Parigi.

Serment de Haine
“Une nouvelle forme d’Art Dramatique. Voici une nouvelle forme d’art dramatique, et c’est au cinéma que nous le devons. Jusqu’ici nous avions admiré, dans les ouvrages cinématographiques la splendeur de la mise en scène, la curiosité de certaines situations, la beauté de paysages que des décors peints n’eussent peut-être pas pu rendre. Ici, nous assistons au déroulement d’une oeuvre dramatique, qui nous émeut, non pas seulement par la façon dont elle est montée, mais encore par les développements mêmes de l’action qui se développe devant nous. Il s’agit d’une comédie dramatique, écrite et réglée spécialement pour le cinéma. La société Cines, qui a mis cette oeuvre en scène, a réalisé, en faisant cette tentative, une réelle innovation; elle est sortie, en effet, du découpage en menus morceaux des oeuvres connues, de l’arrangement en tableaux précipités de romans célèbres, elle a porté sur l’écran un ouvrage inédit, fait pour l’écran.”
(Le Journal, 2 janvier 1914)

“Le marquis M. Serra, le très distingué directeur de la Cinès, l’a présenté lundi a quelques amis et journalistes professionnels et de la grande Presse parisienne Serment de haine. (…) Le scénario, véritable roman de haute envergure, est construit sur les données nouvelles absolument inédites. Il exprime des sentiments d’un auteur d’une maîtrise exceptionnelle, que le film a su rendre avec une fidélité rare. Il s’en dégage une impression de vérité et de profondeur que le cinématographe atteignit rarement jusqu’ici et qui fait le plus grand honneur à la célèbre Compagnie romaine et à ses protagonistes.
La photographie est impeccable et la mise en scène, placée la plupart du temps dans les décors merveilleux de la nature et des sites uniques, est de tout premier ordre. L’assistance en fut positivement charmée.
Citons encore l’interprétation tout a fait remarquable de Mme Maria Carmi, dans le rôle principal. Cette admirable artiste n’est pas une figure connue de l’écran. Elle a posé ce film exceptionnellement, et la Cines lui paya, dit-on, son concours plus de 50.000 francs.”
(Le Courrier Cinématographique, 3 janvier 1914)

FEBBRAIO 1914

Pietro Mascagni…

Parisina, musica di Pietro Mascagni, libretto Gabriele D’Annunzio va in scena al Teatro della Scala di Milano la sera del 16 dicembre 1913. Secondo Mascagni non fu omesso nemmeno un verso della tragedia. “Ho musicato anche le virgole!” Dopo la prima rappresentazione, d’accordo, poeta e musicista soppressero un intero atto.

“Grandioso successo di Parisina a Livorno. Il nuovo capolavoro di D’Annunzio e Mascagni ha avuto un successo trionfale al Teatro Goldoni di Livorno. Appena il maestro si presentò sullo scanno direttoriale, fu accolto da una commovente ed indimenticabile dimostrazione di affetto e di ammirazione dei propri concittadini.”
(Corriere del Teatro, 28 febbraio 1914)

Lyda Borelli…

La memoria dell'altro 1914
La memoria dell’altro 1914

Lyda Borelli in La Memoria dell’Altro
Dramma passionale in cinque atti della Contessa Derege

“Con la pubblicazione di La memoria dell’altro, la quale segue a poca distanza il memorabile successo di L’amor mio non muore, la Gloria Film, il cui motto è Ars vera Lux, viene non solo a collocarsi alla testa delle grandi case italiane editrici di film, ma pone incontrastatamente e definitivamente la produzione cinematografica nazionale al di sopra di quella di altri paesi.. (…)
Ma dove la lode è insufficiente è per Lyda Borelli, per la bellissima, suggestiva, affascinante diva del nostro teatro. Chi conosce la parte esteriore della sua arte, il suo sfarzo scenico, non può farsi un’idea di quanto essa ha fatto ed osato nell’interpretazione di questo dramma mimico. Ma vi è qualcosa di più: l’interiorità, tutta l’interiorità della sua arte. La figura di Lyda l’aviatrice, con i suoi sentimenti, le sue passioni, è una creatura degna di stare a paro di tante altre del teatro tradizionale, perché l’artista gli ha dato tutta se stessa, il suo temperamento raffinato, la sua sensibilità i suoi nervi, la sua passionalità. I grandiosi scenari, i panorami suggestivi, i giochi di luce ed ombra, tutte quelle cose insomma che non possono facilmente realizzarsi sul palcoscenico ordinario, sembrano fare quest’artista più grande, più affascinante, aumentare la bellezza e significazione del suo gesto. Vi sono delle scene come quella dell’agonia di Mario, quella della danza con l’apache e quella finale della morte dell’eroina, che sono fra le cose più belle e perfette realizzate da questa artista, la quale alla plastica mirabile di tutta la persona, unisce una mimica suasiva al sommo e la facilità di esprimere tutta la gamma dei sentimenti umani, dal piacere al dolore, dall’ira alla pietà, dalla voluttà all’angoscia mortale. Chi ha visto questa originale film d’arte può bene affermare che Lyda Borelli è ormai la più grande, la più raffinata artista cinematografica vivente, esempio mirabile che il palcoscenico muto non rappresenta una diminuzione dell’artista ma contendendogli l’espressione verbale, lo piega e lo forza alla rivelazione di un’arte superiore, più profonda e suggestiva.(…) La proiezione è commentata da un’orchestra eccezionale, la quale eseguirà una sinfonia espressamente scritta dall’esimio maestro Berni.
(Il Giornale d’Italia, 20 febbraio 1914)

Lyda Borelli eredita centomila lire
“Franco Villa, il giovane signore che pose fine ai suoi giorni, or qualche settimana, a Rapallo, e che era ammiratore fedelissimo e amico di Lyda Borelli, l’ha ricordata nel suo testamento, assegnandole 100.000 lire. Dopo il primo tentato suicidio del Villa, a Milano, la Borelli era venuta, a bella posta, tra noi, per far visita al fedele amico. E da tale bontà premurosa, il Villa fu così preso, che, nel suo recentissimo testamento, volle ricordare Lyda Borelli.”
(La scena di prosa, 21 febbraio 1914)