Una entrevista con Enrique Santos

Enrique Santos
Enrique Santos

Siempre interesan los hombres y las cosas en su esplendente actualismo, pero cuando esos hombres o esas cosas llegan a tal grado de de excelsitud, nos intrigan más sus ignorados principios, sus ocultas rebeliones que fueron el pedestal fuerte y seguro que los condujo al éxito.

Esto es lo que pensé cuando me hallé de manos a boca con el gran metteur Enrico Santos.

Doce o catorce años han transcurrido desde que una mañana lo vi en pleno Paseo de Gracia (a la salida de las oficinas y talleres) vociferando con su voz de trueno, aspeando con sus brazos imponentes, deteniendo la circulación de peatones y carruajes, arengando a una masa de artistas que corría frenética y disciplinada al mágico conjuro de su silbato.

¡ Doce años ! Santos fue comisionado entonces por la renombrada casa italiana Cines, de Roma, para desarrollar en esta ciudad la hoy preponderante industria cinematográfica, y Santos vino, y triunfó. Once películas atestiguan su fecunda labor de cuatro meses; en combinación con la casa editora de películas Film d’Art Española, cuya galería estaba instalada en la calle del campo (Josepets).

Pero volvamos al asunto que nos llevó a escribir este artículo.

Santos, con sus ojillos avizores y su redonda cara bonachona, se dispone a contarme su historia a grandes rasgos.

Yo era actor — dice — y como tal trabajaba con Calvo y Vico por el módico sueldo de ocho pesetas.

Pensando en mejorar de situación, me contraté en una compañía que marchaba a Buenos Aires; pero la compañía quebró, y con el exiguo auxilio me volví a Europa.

Mas en lugar de venir a España, me fui a París. Allí traté de hacerme artista cinematográfico en las casas Pathé y Gaumont, pero como en aquel entonces la cinematografía era más local, sólo querían artistas franceses. Sin embargo, Gaumont me brindó su ayuda. Ella consistió en la impresión de ocho discos gramofónicos en español, en los que tuve tan buen éxito, que se puede decir que a los discos debo el haber entrado de segundo director de escena en la casa Gaumont.

De allí marché a Roma, contratado por la casa Cines, de donde pasé luego a la Unión Cinematográfica Italiana. Total: catorce años en la tierra de los Césares.

Vino la preponderancia de la película americana, y la casa Famous Players-Lasky Corporation me llamó a sus estudios. Un año después entré en la U.F.A., de Berlín. El desconocimiento del inglés y del alemán me creó grandes dificultades, y entonces decidí venir a España para fundar una gran Sociedad que pusiese el nombre de nuestra patria en el puesto que legítimamente le corresponde.

En tales momentos sobrevino la quiebra de la Banca Italiana de Sconto, y todos los ahorros de mi azaroso e infatigable trabajo desaparecieron.

Quedé un poco abatido por la desgracia, pero me repuse, e immediatamente comencé a hacer gestiones para la reunión de un capital que, aunque más modestamente, me permitiera realizar mis proyectos.

¡ Siempre hay hombres de arrestos ! y en poco tiempo he logrado reunir capital, estudios, laboratorios, personal, todo, en suma, cuanto necesario para empezar mi obra.

La película no ha de desmerecer de mis famosas: Los escarabajos de oro, La presa, La pesadilla, Sangre gitana y Los solitarios del bosque.

Recuerdo ahora un detalle curioso. La trilogia Jack, corazón de león, La huella de la pequeña mano y El secreto de Jack, en los fue protagonista el célebre mono, proporcionaron a la empresa editora un ingreso líquido de siete millones de dólares.

En mis películas han actuado figuras tan eminentes como la Bertini en Odette y en Tosca (1) y el gran Buffalo en La corona de sangre.(2)

Hay una variación en mis asuntos. Usted sabe que mi especialidad eran las películas detectivescas y aventureras; pues bien, ahora mis argumentos son emocionantes y sentimentales. Ya verá usted El martirio de vivir! Allí hay emoción, interés y sentimiento, como corresponde a las modernas corrientes que tan bien se atemperan a nuestra raza brava e hidalga.

. . .

Me despedí del gran Santos.

Le vi alejarse entre una multitud bulliciosa e innominada.

¡ Quién pudiera suponer que en el cerebro de aquel hombre se aspecto sencillo, bulle y rebosa el poder inicial de una industria bella y preponderante !

S. A. Micón

Barcelona y septiembre 1923.
(Boletín de información cinematográfica, septiembre 1923)

(1) Con toda probabilidad se trata de un error del autor de la entrevista. Durante su estancia en Italia Enrique Santos ha trabajado esclusivamente para la Cines y la Unión Cinematográfica Italiana, mientras la casa de producción de Odette y Tosca, películas interpretadas por Francesca Bertini, es la Caesar Film. La frase correcta debiera ser: “En mis películas han trabajado figuras tan eminentes como la Bertini de Odette y Tosca…”.

(2) Buffalo e La Corolla di sangue, protagonista Lionel Buffalo.

Ida Rubinstein a Torino

Ida Rubinstein, La Nave (1921)
Ida Rubinstein, La Nave (1921)

Magnifici cartelli quelli della Nave! Torino ne era tutta tappezzata e i due colori dominanti, il giallo e il rosso, colpivano e attraevano l’attenzione dell’intera città. Della Nave si faceva un gran parlare considerandone il varo del film come un avvenimento artistico di primo ordine. In caratteri neri spiccava la dicitura e sottolineato da una grande striscia di nero opaco, appariva il nome del regista: Gabriellino D’Annunzio (e quello di Mario Roncoroni n.d.c.), ragazzo che pur non avendo neanche lontanamente la potenza d’ingegno del padre, non mancava di buon gusto e nella Fedra in cui aveva sostenuta la parte di Ippolito aveva avuto qualche momento ottimo.

Ida Rubinstein nella parte di Basiliola, a non smentire la sua speciale adorazione per D’Annunzio che le aveva affidato il San Sebastiano di cui si era occupata tutta la critica parigina, aveva superato se stessa. Artista nel vero senso della parola, piena di raffinatezza, danzatrice classica e fornita di solida cultura, aveva creata una Basiliola viva e fremente. Ricordo che per suggestionarsi, per spronare la sua anima verso le vette più sublimi dell’arte, per eccitarsi, gridava quasi scandendolo in quel suo francese un po’ esotico il nome del poeta. Peccato che il cinema muto non gli permettesse di fare udire la sua voce vibrante e sonora, piena di inflessioni speciali. Grande nella sua arte, semplice e buona nella vita. Quando giunse inaspettata non volle a nessun costo che le altre attrici come la Linda Pini e la Roasio le cedessero il loro camerino e attese che gliene fosse preparato uno. Aveva un sorriso mite in cui si rivelava la bontà dell’anima e una gentilezza pari alla modestia per quanto portasse ai piedi, durante le prove, gemme di tale valore che occorreva metterle a lato delle guardie in borghese. Conversava con tutti in quel suo francese che sapeva di russo e aveva una simpatia infinita per Torino. Quasi ogni sera si recava in compagnia di qualche soggettista e di qualche artista, insieme a Gabriellino al Ristorante San Giorgio (San Giors già Ponte Dora n.d.c.) e nessuno, vedendola vestita con sobria eleganza e con qualche gioiello di rara fattura alla scollatura avrebbe sospettato di trovarsi di fronte all’illustre interprete della Pisanella, all’ispiratrice di D’Annunzio. Aveva una predilezione per il Valentino e sopratutto per quell’angolo del castello medioevale e per rive sottostanti ove la notte acquista una strana malia. Ne parlava sempre e con che entusiasmo! Riceveva molti ammiratori, accordava senza farsi pregare, interviste interessanti e un giorno ebbe la gradita sorpresa di veder comparire mentre si girava una fra le sue più grandi ammiratrici e amiche, la baronessa Orczy, la famosa autrice della Primula rossa. Era felice, e finita la prova rimase con lei l’intera giornata.

La Nave, pur non avendo la potenza e la suggestività di Cabiria, che era stata concepita e scritta per il cinema dal D’Annunzio, fece onore alla Casa Ambrosio e destò un grande interesse quatunque gli incassi non fossero tali da coprire le spese e guadagnarci.

Giovanni Dovretti
(Cine, Torino settembre 1945) 

Lionel Barrymore

Gloria Swanson e Lionel Barrymore en una escena de "Sadie Thompson" (1928)
Gloria Swanson e Lionel Barrymore en una escena de “Sadie Thompson” (1928)

Como su hermano John, Lionel Barrymore perteneció a la escena hablada antes de dedicarse al cine.

Era Lionel tenido en mucha estima como actor teatral, pero el diablillo del film le tentó y hubo de incorporarse a la legión de artistas que integran el mundo de las “sombras animadas”. Comenzó a trabajar en una película titulada Amigos, con Mary Pickford y Henry B. Walthall, allá por el año 1909.

Desde aquellas fechas, Lionel fue alternando sus cualidades dramáticas entre la escena muda y la hablada, hasta que al cabo de diez o doce años decidió dedicarse por completo al cine.

Lionel es un magnífico actor de caracter. Sus más rotundos éxitos los ha conseguido interpretando esos papeles que se ha dado en llamar de “traidor”. No obstante, en los papeles cómicos también logra imponerse sin necesidad de recurrir a chabacanos extremos.

Actualmente Lionel trabaja en los estudios de la Metro-Goldwyn Mayer, con cuya casa tiene firmado un contrato por largo tiempo, y en la cual ya ha realizado muy estimables interpretaciones. Entre las películas que recordamos de la anterior temporada y en las que Lionel ha tomado parte, figuran La barrera, La mujer adora los diamantes y la non plus ultra La tierra de todos, adaptada por Fred Niblo de la novela del mismo titulo del llorado Blasco Ibañez.

Próximamente lograremos admirar al excelente actor encarnando dos extraños personajes en otras tantas producciones.

Una de ellas es la de un refinado criminal que tiene la extravagancia sádica de realizar todos sus crímenes a una hora determinada: a la una en punto. La compleja psicología de este extraño personaje, difícil de asimilar por otro actor que no tuviese la comprensión psicológica y dramática de Lionel Barrymore, la salva éste con su indiscutibile talento de actor veterano. En esta película toma parte el célebre perro policía Napoleón, rival de Rin-tin-tin, que muestra una inteligencia inverosímil en un can en el descubrimiento del feroz criminal. Se titula esta película El perro detective.

La otra interpretación que Barrymore nos brinda es la de un médico alcohólico, eminencia de la cirugía, que se enamora de una mujer joven y bella que accede a casarse con él en gratitud a haberle salvado la vida con su acertada intervención profesional. Pero ella en realidad ama a otro hombre. El doctor se entera de los amoríos de su esposa con el otro y decide vengarse cruelmente; mas al final acepta resignado su fatalidad y decide acabar con ella suicidándose. Cruel dilema es el título de esta película, y en ella intervienen con Lionel Barrymore, Aileen Pringle y Norman Kerry.

(Popular film, 13 septiembre 1928)