El cine en el aire, julio 1919


José Gaspar Serra, a la izquiera de la imagen cámara en mano

José Gaspar Serra, a la izquiera de la imagen cámara en mano

Es la hora, llena de encantos y poesía del atardecer.

Por el Paseo de Gracia, la aristocrática avenida, muy moderna y muy cuidada, donde los árboles ponen su rusticidad al lado de los escaparates llamativos y lujosos, pasean algunos desocupados: son en su mayoría personas pertenecientes a la clase media, a esa clase escarnecida por los de arriba y por los de abajo, que tienen ambiciones pero que no tienen voluntad.

(…)

El cielo, que poco antes era añil, se va blanqueando, palideciendo, como si entre él y la tierra hubiesen extendido un velo denso. Y de pronto, un espectáculo extraño se ofrece en las alturas.

Es al principio un ruido continuado, como de un motor a toda marcha. Luego en la bóveda blanquecina, aparecen dos aparatos con grandes alas y larga cola: son como dos pajarracos de una especie desconocida. Uno de ellos va delante, haciendo las piruetas en el espacio, girando vertiginosamente, dando saltos mortales, cual si estuviera poseídp de una locura infernal.

El otro, a poca distancia, lo va siguiendo, recto, sereno, como velando por la seguiridad del compañero.

En el paseo, la gente se arremolina, observando las raras maniobras de los dos aeroplanos. Y en el largo crepúsculo, el sol semeja detenerse, para gozar también del caprichoso espectáculo.

Algunos días después non enteramos: aquellos aeroplanos se dedicaban a la toma de vistas, haciendo una curiosa innovación. En el aparato de delante, iba haciendo de piloto, a la vez que de actor cinematográfico, el intrépido aviador Grassa, del ejército italiano, el cual obedecía las órdenes que se le transmitían desde el otro aeroplano. Este último iba tripulado por Stoppani, que hace poco realizó de un solo vuelo el viaje Turín-Barcelona, y llevaba como pasajero a nuestro amigo don Gaspar Serra, de la Regia Arts, el cual iba impresionando la película.

Así, esta cinta tendrá el atractivo de verse, por sobre el fondo que forman las casas y las calles de Barcelona, el efecto emocionante de los saltos y giros del otro aparato.

Don Gaspar Serra, espíritu cultivado, que sabe de la vida intensa y vertiginosa en la ciudad de los rascacielos, es el que ha introducido en España esta novedad en las vistas tomadas en aeroplano.

Agradezcámoselo. Así la monotonía de las calles rectas y de los edificios idénticos será rota por una emoción nueva.

Ezequiel Moldes (El Mundo Cinematográfico, 25 julio 1919)

Nota: el documental se llama Vistas aéreas de Barcelona (Regia Arts Films Corporation 1919), ignoro si ha sobrevivido alguna copia.

Informazioni su thea

Archivio del Cinema Muto - Silent Film Archive
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